Los Casinos Flotantes

Mucho antes que existieran grandes metrópolis dedicadas a los casinos y teatros, como Las Vegas o Atlantic City, los apostadores norteamericanos se nucleaban para realizar sus apuestas en casinos flotantes.
Estos barcos convertidos en clubes de apuestas se diseminaron a todo lo largo del río Mississippi; lo que en una primera instancia molestó a los granjeros y comerciantes que vivían a las orillas del río, pues la zona se llenó de jugadores, truhanes y tahúres. Sin embargo, zanjaron estas diferencias al hacer justicia con mano propia, como el famosos caso de 1835, donde 5 tahúres fueron linchados por los pobladores de tierra firme.
Esto endureció las normas de los casinos flotantes, lo que hizo que no fuera raro ver cómo los tramposos, descubiertos, eran echados por la borda de los barcos. Este esplendor de estas casas de apuestas flotantes tuvo su apogeo hasta antes de la Guerra Civil; pero decayó notablemente al comenzar el siglo XX.
Los jugadores preferían viajar a donde se nuclearan muchos casinos diferentes, y a donde pudieran tener más libertad de movimiento y diferencia de opciones.
No obstante, a finales de la década de los ’80 un grupo de empresarios, al mirar estos barcos anclados, olvidados y ya derruidos, previeron que estos podrían llegar a ser una magnífica inversión para atraer a los turistas y a todos aquellos que contaran con un pequeño capital para apostar, a manera de divertimento, en sus vacaciones. Se pidió una licencia especial al gobierno, y hoy en día el río Mississippi está casi tan poblado de casinos como en el siglo XIX.
En el presente, el atractivo de los casinos flotantes es de de pasar unas horas pintorescas y divertidas en las mesas de juego, admirando paisajes naturales al mismo tiempo.
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